Crowdfunding: ¿la luz al final del túnel?

En esta ocasión les hablaré de una forma relativamente nueva de financiamiento de videojuegos que de otra forma tendrían escasas posibilidades de materializarse: el Crowdfunding. ¿Crowdfunding? ¿Y esto con que demonios se come? La traducción sería algo así como “fundación popular” o “fundación colectiva”, y consiste en fijar una cantidad de dinero que se desea alcanzar para llevar a cabo un proyecto (en este caso, un videojuego), con la ayuda de gente interesada en apoyar la causa. Si por ejemplo crees tener una gran idea en mente y para realizarla necesitas digamos $100 mil billetes verdes, lanzas la “convocatoria”, y esperas pacientemente a que buenos samaritanos se mochen con sus donaciones cual Teletón. Parece algo “soñador”, pero funciona.

El ejemplo viviente es Tim Shaffer, famoso creativo detrás de grandes aventuras gráficas como Monkey Island y Grim Fandango. Schaffer decidió abrir un proyecto en la página KickStarter solicitando la módica cuota de $400 mil dólares para poder llevarlo a cabo. Pero bueno, si este tipo es famoso y además tiene un estudio desarrollador a su cargo (Double Fine), ¿para que rayos anda pidiendo dinero? Fácil: ningún estudio en su “sano juicio” lo apoyaría. El juego en cuestión es una aventura gráfica, y en estos tiempos ese género está prácticamente olvidado, además de que estamos rodeados de shooters (conocidos como “juegos de balazos”) puesto que ese es el tipo de juegos preferido por las grandes compañías y los jugadores de hoy día. ¿Cómo le fue a Tim? Recaudó en apenas 8 horas $3 millones 336 mil, 671 dólares… sí, lo logró por poquito (por más de 800%).

 

Al ver el éxito conseguido, varios han sido los que se ha animado a solicitar ayuda al público y gracias a esto juegos como Takedown y Wasteland 2 se encuentran en desarrollo en este momento. Ambos juegos están a cargo de desarrolladores con experiencia pero que al igual que en el caso de Schaffer, se veía en extremo complicado que consiguieran el capital necesario de otra forma.

Un factor vital para que esto funcione, es el sitio KickStarter. La gente no suelta lana (y menos en estos tiempos) así como así, y es por esto que las recompensas ofrecidas tanto KickStarter (intermediario) como por quien busca el apoyo económico son de lo más variadas e interesantes: poder probar el juego antes de que esté a la venta, llevártelo gratis cuando esté disponible, tener extras como ilustraciones firmadas por los creadores, ver tu nombre en los créditos del juego, que un personaje esté basado en ti, convivir con los programadores, poder influir en las decisiones de creación del juego y la lista sigue y sigue.

Esto parece ser un mundo de posibilidades para revivir géneros olvidados por quienes tienen el dinero o aventurarse a innovar en un lugar donde pareciera todo estar dicho ya. En contraparte, también se tienen grandes responsabilidades con la gente; cientos, probablemente miles de personas le están dando su confianza y dinero a desarrolladores que no han mostrado ni una imagen del juego (pues aún no existe) y que prometen entregar un trabajo de calidad y corresponder a la confianza otorgada. En un mundo donde los juegos cuestan cada vez más caros de producir, se nos venden por partes mediante el famoso DLC (contenido descargable), y donde las grandes compañías buscan irse a lo seguro sacando juegos de series famosas (Halo’s, Mario’s, Sonic’s y demás al por mayor), el Crowdfunding parece ser la luz al final del túnel que tanto videojugadores en busca de  experiencias nuevas como desarrolladores atados de manos por los jefes y mesas directivas estábamos esperando.

En un futuro a mediano y largo plazo, muchos juegos llegarían tal cual fueron concebidos desde la mente creativa hasta nuestro control sin ser “manoseados” por las compañías metiéndole o quitándole cosas innecesarias. No me mal interpreten: quiero seguir jugando Zelda’s, FIFA’s, Pokémon’s y demás, pero también quiero experiencias nuevas. Ojalá esta oportunidad la aprovechemos tanto videojugadores como programadores.

 

Por: RDP

 

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